Segundo asalto (Continuación del relato Caminar)
PANAMA CONECCTION
Fotografía: Luis Rodriguez Humanes
Sabía que la tecla intro estaba vetada para aquel destino. Aún así no pudo resistir la tentación de escribir esas letras y acariciar con su dedo el maldito botón, sin llegar a pulsarlo. Aquel gesto calmaba su ansiedad por seguir teniendo contacto con ella.
Conscientemente inocente, incoscientemente culpable de aquella situación. La había conocido en aquél viaje relámpago para ver fugazmente a los suyos, camuflado de amigo entre su familia consanguínea, oculto bajo un nombre y una identidad falsa y, así debía de permanecer cara a ella.
Ingreso muy joven en La Organización, un cuerpo internacional de espionaje, huyendo de una experiencia que le atormentaba. Para él, en ese momento la vida no tenía valor y la adrenalina que generaba el riesgo a perderla era lo único que le aferraba a ella. El precio de no intimar nunca con nadie, de no tener identidad real, para él fue el mejor de los regalos. Por eso, construir una realidad ficticia paralela a la suya a través de encuentros fugaces, conquistar aquellas chicas atrapándolas en su mundo de mentiras, mentiras donde su vida se transformara en normal, le rescataba de su verdadera existencia. Siempre había sabido cuando parar el juego... Incluso le reportaba placer romper con ellas. Una doble vida donde él era amo, señor y creador "de la realidad", su realidad. Destrozarles el corazón, desaparecer sin un adiós y salir invicto frente a ellas lo llevaba a un plano superior. "Escapar antes de ser capturado" una de las primeras cosas que se aprendía de la mano de La Organización. Pero esta vez había subestimado el poder de su victima.
La dulzura de aquella mujer alumbrada por su alegre mirada junto con un halo de inocencia tan distante de su enrevesado mundo, se le antojaron inofensivos. No se percató de que detrás de ellos se ocultaba una mente aguda y curiosa que escarbó en su interior como lo haría un niño travieso que enreda en el mecanismo de un juguete. Sin darse cuenta, había bajado la guardia y ahora frente a ella, sólo le quedaba su vulnerable alma desnuda y un férreo deseo de mantenerla a su lado, de hacer reales todas esas fantasías, ella le había quitado la piel seduciéndole con el placer de ser aceptado y comprendido en su plena desnudez.
La dulzura de aquella mujer alumbrada por su alegre mirada junto con un halo de inocencia tan distante de su enrevesado mundo, se le antojaron inofensivos. No se percató de que detrás de ellos se ocultaba una mente aguda y curiosa que escarbó en su interior como lo haría un niño travieso que enreda en el mecanismo de un juguete. Sin darse cuenta, había bajado la guardia y ahora frente a ella, sólo le quedaba su vulnerable alma desnuda y un férreo deseo de mantenerla a su lado, de hacer reales todas esas fantasías, ella le había quitado la piel seduciéndole con el placer de ser aceptado y comprendido en su plena desnudez.
El sabía como engañar a La Organización para que no interceptaran los mensajes personales, pero cometió un error. Llevado por el romanticismo, mandó una carta física, una carta de las de antes. Quería que ella leyese sus letras en su letra, que acariciase con sus manos lo que él había acariciado con su pluma y su corazón, que respirase en el papel el olor de su piel. La organización interceptó aquel correo, que si bien llego a su destino, lo sentencio.
Acudió puntual a la reunión. Permaneció callado, escuchando una conversación llena de sutiles dobles mensajes. Sabía que se había librado de ser eliminado por ser su primer desliz y por ser uno de los "Diez Nombrados". Confió en tu cordura, le había dicho Albert, sabes lo valioso que eres para nosotros, ademas me consta que a ella la aprecias de verdad. Conoces las normas. Al terminar le entregó un sobre. Una nueva misión le esperaba. Abrió el sobre mientras viajaba en el ascensor, dentro de él, un billete de avión, no había tiempo que perder.
Salió a la calle en busca de un taxi que le llevase al aeropuerto. Un fino charco a modo de río coronado por un ramillete de hojas secas recorría el borde de la acera. Un camino sobre el que navegaba la sencillez de lo cotidiano, de las vidas normales, de la rutina cíclica de las estaciones. Reflejadas en él, las torres y la ventana de la oficina donde acababa de estar emblemas del poder del hombre. Por primera vez en muchos años una lagrima rodó por su mejilla, sólo una; recorrió su rostro hasta caer en aquel charco, dibujando las ondas del dolor que le atrapaba saber que la había perdido. El recuerdo de su hermano, como una daga taladró su ser, las últimas lágrimas que se había prometido derramar por nada ni por nadie. Aquella lágrima enlazó pasado con presente.
El avión aterrizó. Allí le esperaba Laura... Laura trabajaba para Aperthon, cuando fue descubierta por La Organización. Trasladada a América Latina con una nueva identidad, su belleza y capacidad de seducción la convertían en uno de los agentes clave para este tipo de misiones. La organización la había bautizado con el nombre de Julieta. Las instrucciones de ella eran claras para con él, conseguir que se olvidase de su amante; si no lo conseguía, eliminarle...
Autor Matilde Párraga, todos los derechos reservados
CONTINUACIÓN: TAL VEZ..

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