sábado, 24 de enero de 2015

Plumas al Sol Tres. Continuación de "Llévame donde no estés"


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Ilustración: Matilde Párraga. Todos los derechos reservados.

Se levantó despacio de la mesa, su vida era un enorme sin sentido, no tenia ganas de luchar por nada, la sensación de fracaso y la impotencia para localizar una salida, empañaba todo reflejo de alegría en aquella cíclica existencia. La frustración de no encontrar  una escusa en la vida con la que llenar aquél enorme vacío. Percibía el interior de su cuerpo como algo hueco, una muda sensación que anclaba cada hora al absurdo, desde que esos sueños la arrancaron de lo cotidiano. Aquellas calles, aquel puente, le parecían más reales que la propia superficie que pisaba en ese momento. Volvió a leer la frase una y mil veces. Llévame donde no estés.

Cogió el abrigo y tomó el primer autobus con el que se tropezó sin importarle el destino. Al rato se dio cuenta que se encaminaba hacia el cementerio. Se bajo al llegar a la puerta. Paseó horas y horas perdida entre las tumbas, hasta que la noche empezó a caer y con ella un viento frío que parecía colarse por cada poro, formando remolinos en la oquedad de su interior. Agotada se sentó con suavidad en una de las tumbas y se quedó dormida, respirando el olor del ramillete de camelias que descansaba sobre la lápida. 

El mármol pareció entonces diluirse y ella lo atravesó como si de un cristalino lago se tratase. Una vez más sintió el calor de la mano de él, agarrando la suya, entrelazando sus dedos en nudos de miedo y deseo. Recorrió las mismas calles en silencio pero, por primera vez al pasar bajo la mórbida luz de la farola rompió la rutina del sueño atreviéndose a mirar su rostro. Una mitad,  de rasgos delicados, bellos, casi femeninos, la otra  totalmente desfigurada, arrasada por lo que su momento fueron llamas. 

El corazón se le encogió, aún así,no se atrevió a soltarse. Llegaron al puente, pero esta vez él no saltó sin avisar, le devolvió la mirada y le ordenó, debes seguirme sabes que un día vendrás conmigo. Y una vez mas se precipito al vacío. 

Sintió una convulsión que le nubló la vista, despertó de nuevo sobre la tumba, el claro de Luna llena que dominaba el firmamento le permitió leer la inscripción:

N_     _ _ _     _  _ _ _ _ _    _ _ _  _     _ _     _ _    _ _  -_ _ _ _ _    _ _ _ _ _ _ _ _

Resuelve la sopa de letras para encontrar la frase.


Texto Matilde Párraga. Todos los derechos reservados.


Mecano, El amante de fuego

  


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