N_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ -_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
Ilustración: Matilde Párraga. Todos los derechos reservados.
Se levantó despacio de la
mesa, su vida era un enorme sin sentido, no tenia ganas de luchar por
nada, la sensación de fracaso y la impotencia para localizar una
salida, empañaba todo reflejo de alegría en aquella cíclica existencia.
La frustración de no encontrar una escusa en la vida con la que
llenar aquél enorme vacío. Percibía el interior de su cuerpo
como algo hueco, una muda sensación que anclaba cada hora al
absurdo, desde que esos sueños la arrancaron de lo cotidiano.
Aquellas calles, aquel puente, le parecían más reales que la propia
superficie que pisaba en ese momento. Volvió a leer la frase
una y mil veces. Llévame donde no estés.
Cogió el abrigo y tomó
el primer autobus con el que se tropezó sin importarle el destino.
Al rato se dio cuenta que se encaminaba hacia el cementerio. Se bajo
al llegar a la puerta. Paseó horas y horas perdida entre las tumbas, hasta que la noche empezó a caer y con ella un viento frío que
parecía colarse por cada poro, formando remolinos en la oquedad de
su interior. Agotada se sentó con suavidad en una de las tumbas y se quedó dormida, respirando el olor del ramillete de camelias que descansaba sobre la
lápida.
El mármol pareció entonces diluirse y ella lo atravesó como si de un
cristalino lago se tratase. Una vez más sintió el calor de la
mano de él, agarrando la suya, entrelazando sus dedos en nudos de
miedo y deseo. Recorrió las mismas calles en silencio pero, por
primera vez al pasar bajo la mórbida luz de la farola rompió la rutina del sueño atreviéndose a mirar su rostro. Una mitad, de rasgos delicados, bellos, casi
femeninos, la otra totalmente desfigurada, arrasada por lo
que su momento fueron llamas.
El corazón se le encogió, aún así,no se
atrevió a soltarse. Llegaron al puente, pero esta vez él no saltó
sin avisar, le devolvió la mirada y le ordenó, debes seguirme
sabes que un día vendrás conmigo. Y una vez mas se precipito al
vacío.
Sintió una convulsión que le nubló la vista, despertó de
nuevo sobre la tumba, el claro de Luna llena que dominaba el
firmamento le permitió leer la inscripción:
N_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ -_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
Resuelve la sopa de letras para encontrar la frase.
Texto Matilde Párraga. Todos los derechos reservados.
Mecano, El amante de fuego


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